Opinión

Transitar el mundo en el cuerpo de una mujer

Por: Mayra Borbón

Redacción Valor

La feminista Meri Torras señala que “ser” o “estar mujer” remite, tomando en cuenta los debates teóricos, a poseer o vivir en un cuerpo sexuado en femenino. Nuestro cuerpo está cargado de códigos que se nos imponen desde la infancia y que la cultura se encarga de refrendar a cada paso. 

El género es una categoría que se asocia a la apariencia de nuestro cuerpo: cabello largo, senos pronunciados, caderas anchas y tener un comportamiento asociado a lo “femenino”, son rasgos que nos ubican como mujeres. 
Habitar el cuerpo femenino es activar una red de conceptos asociados a lo que es “ser mujer” en nuestra cultura. 

Al nacer como mujeres ingresamos a un mundo cuya Historia se ha encargado de representarnos como pecaminosas, inseguras, incapaces, locas, brujas, histéricas, intrigosas, inestables emocionalmente, traidoras y todos los adjetivos de los que se alimenta la misoginia. Estos prejuicios nos han condenado a ocupar un lugar subordinado en la sociedad y a padecer el desgaste de siempre tener que demostrar lo contrario. 

Los prejuicios contra las mujeres, los seres humanos que transitamos el mundo en un cuerpo femenino, han construido una cultura que acepta y tolera la violencia contra nosotras. 

Los hombres, como sujetos hegemónicos, son quienes han tenido el poder legítimo de ejercer y reproducir las violencias sobre nuestros cuerpos y nuestra dignidad. El machismo es la actitud de superioridad de los hombres sobre las mujeres que se apoya en las ideas esencialistas del género. 

El esencialismo, la idea de “ser mujer”, es la peor trampa del patriarcado porque nos ha engañado e impuesto rasgos biológicos y psicológicos para explotarnos a nivel emocional y así justificar los mandatos de género: ser amable, discreta, servicial, atenta, maternal. 

El esencialismo de género nos ha atribuido la cualidad de ser más sensibles, afectivas, sacrificadas y más aptas para los cuidados que los hombres. Estas son formas contemporáneas de esclavitud que nos han confinado en nuestros hogares y nos han apartado de la vida pública. 

No queremos que el género sea destino. Para empoderarnos necesitamos salir de nuestros cautiverios y liberarnos de todas las trampas emocionales que se nos han impuesto, vivir por nosotras y no creer que tenemos que sacrificarnos por los demás o conformarnos. 

Es necesario que las mujeres nos eduquemos e informemos para deconstruir esta sociedad desigual y alcanzar la independencia. 

El feminismo es la vía. 

*Doctoranda en Teoría Literaria, editora e integrante del Parlamento de Mujeres de la CDMX 2020. 

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