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La monotonía de ir al cine

Pese a una supuesta libertad de elección la gente que va a las salas de cine no tiene muchas opciones

Omar Federico Quintana Nagano

La monotonía de ir al cine.

La monotonía de ir al cine. Fuente: Internet

Hermosillo, Sonora.- Ir al cine y que el 90 por ciento de las salas estén saturadas con una sola película es algo muy común en Hermosillo y en general en México. Que esa película sea una mega producción hollywoodense es algo lógico. Vivimos bajo el yugo de un monopolio cinematográfico.

Según las cifras del Anuario Estadístico del Cine Mexicano, en 2018 hubo 320 millones de asistentes a las salas comerciales en México. De esas, solo el 10 por ciento vieron películas mexicanas y el 89 consumió películas estadounidenses.

¿Está el consumo del cine en México colonizado culturalmente? El ensayista e intelectual Edward Said, dejó un legado donde habla de este fenómeno y del papel preponderante de Hollywood en éste: cómo a través de las formas culturales, la potencia hegemónica se apropia y aculturiza a las periferias con discursos que reproducen los valores, cosmovisiones e ideologías del país dominante.

Para el crítico cinematográfico de El Universal, Alonso Díaz de la Vega, el Tratado de Libre Comercio y ahora el T-MEC han hecho que la oferta cultural haya sido depredada por la industria del Hollywood.

(La oferta) se ha limitado por las concesiones que se han hecho por el T-MEC que le ha abierto las puertas a todo el cine norteamericano comercial. No ha habido voluntad política de ninguno de los presidentes de alterar estas protecciones y condiciones que los Estados Unidos han impuesto”, confiesa Díaz de la Vega.

Coincide Victoria Arellano, titular del área cinematográfica en el Instituto Sonorense de Cultura (ISC): “Tendría que darse un cambio en los modelos de los estudios, en las distribuidoras, hay un colonialismo cultural y con el poderío económico que tienen es difícil competir contra eso”, expuso la funcionaria estatal.

Sobre la calidad de cine que llega a las salas hermosillenses metaforiza el crítico local y locutor del programa radiofónico ‘Cinescrúpulos’, Tadeo Rivera García: “Lo que más produce la industria hollywoodense, no nos queda la menor duda, es ‘cine fast-food’: es decir, son como las comidas que se antojan en la calle pero que no tienen ningún valor nutritivo, sin embargo se consumen en cantidades”.

Agrega Mónica Luna Sayós, encargada de la dirección de vinculación regional y comunitaria del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), que también hay un tema económico.

Es un derecho el acceso a la cultura, ver el cine que nos pertenece y muchos no tienen acceso. Hay un problema de interés, los horarios no son convenientes, no hay espacios dónde ver el cine mexicano y está la cuestión económica. Llevar al cine a toda la familia es muy caro”, reflexiona Luna Sayós.

La eterna dicotomía
Desde sus inicios, existe una disputa en el arte cinematográfico: arte vs entretenimiento. Para el pensador Alfonso Reyes, esta bipolaridad artística se podía resolver desde la complejidad narrativa y desde la comprensión de que el lenguaje audiovisual es independiente al de la narrativa, el teatro, o incluso la música. Sin embargo, en México y en Sonora no se ha tenido la voluntad para eso. Películas como Star Wars, las películas de Marvel u otras de saga hollywoodense llegan a acaparar el 70 por ciento de las salas a nivel nacional y hasta el 90 de las salas en Hermosillo.

Hay cierta apropiación del cine comercial en todos los espacios; hay un modelo vertical en todos los sentidos, en el consumo del cine. Estados Unidos exporta sus productos y logra estandarizar la estética del cine gringo comercial, eso hace que se normalice a tal grado de que si le muestras una película de Amat Escalante o Sofía Gómez Córdova no la van a soportar porque cuestiona las convenciones a las que ha sido sometido el espectador. Es un proceso orgánico donde se ha normalizado esa estética”, teoriza el crítico de El Universal.

Discrepa en este punto, Luna Sayós: “desde nuestra experiencia, los públicos sí están preparados para ver otro tipo de cine, otro tipo de narrativa, en muchos pueblos donde hemos llevado cine hemos tenido recepciones extraordinarias, porque la gente está ávida de ver historias que estén cercanas a su propia vivencia, a verse reflejados en la pantalla”.
Lo cierto es que mientras se siga manteniendo una postura maniqueísta con esta disputa, la brecha de consumo seguirá acrecentándose.

Desde sus inicios, México es un país profundamente centralista, lo que lleva a que las periferias geográficas del país queden vulneradas o vaciadas de los focos mediáticos de las políticas públicas.

Ganar espacios
La funcionaria del Imcine señala que la importancia recae en la formación de público y la descentralización.

Estamos trabajando en la creación y formación de públicos, en favorecer la relación con los Estados y ejercer una descentralización del territorio; que se gestionen espacios públicos, bibliotecas, cineclubes, que son espacios que crean comunidad y generan diálogo”, subraya Luna Sayós.

En este sentido, aparte de los ocho cines comerciales existentes en Hermosillo, en los últimos años se ha venido dando un despunte en la creación de cineclubes promovido desde el ISC y el Imcine que permiten dar un respiro a la oferta viciada de los cines comerciales.

El Cine de la Casa ha ido ganando poco a poco más espectadores, y ya tenemos un nicho. También se ha mejorado gracias a las nuevas plataformas que permiten ver otro tipo de cine al alcance de un click”, relata Victoria Arellano.

Pero estos espacios son marginales en el día a día de los consumidores de cine. “Es muy sencillo perderse en esa vaga idea de que quizás las salas de cine tipo ‘Alejandro Parodi’ en Hermosillo son de ‘élite’, pero la realidad es que no es así. Lo que sucede  es que permanecen ocultas a plena vista de todos, sus campañas de difusión podrían ser aún mejores, sobre todo gracias a esta época hiperconectada, para que todas y todos nos demos cuenta de que existen y que dentro de la oferta de salas de exhibición de cine, son de las más geniales”, reitera el crítico Rivera García.

El cine mexicano a escena
En 2018 se produjeron 186 películas (largometrajes) mexicanas según el Anuario Estadístico, de esas 186 producciones sólo una fue sonorense. 

Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia del país, se llegó a debatir si era viable replicar el modelo francés donde se protege al cine nacional, dándole el 30 por ciento de espacio en cines comerciales o re-invirtiendo parte de las ganancias que dejan las películas extranjeras en la producción del cine local. 

Es imposible replicar ese modelo aquí en México, ocuparíamos un gobierno que defienda y no ceda ante la lógica del T-Mec”, advierte Díaz de la Vega.

La Ley Federal de Cinematografía, en su artículo 19, explica que los exhibidores reservarán el 10 por ciento del tiempo total de exhibición a la proyección de películas nacionales. Y que se estrenarán por un periodo no inferior a una semana. Sin embargo, una vez concluido ese lapso, es muy común que las quiten de cartelera.

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