Especiales

Fake News: La parábola de la posverdad

Hemos pasado de ser la sociedad de la información a la sociedad donde la verdad ya no es una virtud

Omar Federico Quintana Nagano

Fake News: La parábola de la posverdad.

Fake News: La parábola de la posverdad. Fuente: Internet

Hermosillo, Sonora.- El fenómeno de las fake news es la consecuencia de algo más grande: la posverdad. Un término que se popularizó alrededor del año 2015 y que sirvió para modelar la campaña presidencial de Donald Trump, entonces candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos.

No es que sea un concepto nuevo; la promotora cultural y escritora en Letras Libres y Nexos, Valeria Villalobos Guízar, explica en exclusiva para VALOR, que desde los principios de la filosofía, el ser humano se ha cuestionado la verdad.

La verdad no es un tema de nuestra época, es la pregunta de siempre; desde los inicios de la filosofía nos cuestionamos por la posibilidad de acceder a ella. Sin embargo, es cierto que en al menos los últimos 200 años - tal vez desde Nietzsche -, la VERDAD (con mayúscula), ya no es un concepto absoluto y ahistórico, no es una estabilidad a la cual tenemos la certeza de un día llegar. Hay algo emancipatorio en esa caída de la verdad, porque en su nombre se cometen graves atrocidades, pero también hay una orfandad y un desequilibro en la sugerencia de que, si no hay una verdad, entonces todo se vale. Peor aún, con Foucault nos quedó claro que el saber está siempre vinculado al poder, estos se construyen mutuamente”, expone la especialista.

La posverdad, según la Real Academia de la Lengua, es la distorsión deliberada que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública. Esta herramienta tiene una profunda acentuación política que ha encontrado en las noticias falsas su altavoz más efectivo.

El cambio evidente de nuestros tiempos son las tecnologías de la información. Estas tecnologías han traído posibilidades impensables antes, como la instantaneidad de la difusión de información y la generación y el análisis de cantidades insospechadas de datos. Aquí el problema es que le ha restado de forma poco pensada legitimidad a la ciencia y la academia: los datos generados por estas tecnologías no son totalmente objetivos, incluso cuando son generados por inteligencia artificial como es la mayoría de las veces, sencillamente porque hay personas que programan detrás de cada sistema. Los datos como las fotografías siempre implican un encuadre, su generación y su uso no son desinteresados. Distintos casos como el escándalo de Cambridge Analytica en la campaña del Brexit y Trump, han dejado claro esto", indicó Villalobos.

Los algoritmos no generan crítica, sino que afianzan juicios preconcebidos. Entonces, por un lado tienes datos con una aparente precisión tremenda y medios para comunicarlos de forma inmediata; y al mismo tiempo, esos datos, ya de por sí sesgados por quien los recopila, para volverse información necesitan de su interpretación y de su análisis, eso implica un segundo sesgo. Lo cual no significa que no haya métodos más o menos precisos de cuantificar y calificar información, y que no haya conocimientos que nos puedan ayudar a actuar de forma más informada. Sin embargo, los pensamiento superficiales de estos sesgos orillan a considerar que cualquiera puede hacer lo que quiera y decir lo que quiera con los datos”, explica Villalobos Guízar.

La paradoja de la sociedad de la información es que un mayor flujo de información es menos información bien procesada por el ciudadano. Ante este mercado canibalizado que bombardea información 24/7, la capacidad de filtrar y discriminar información del público ha sido minada.

La posverdad apela al lado emocional y permite confirmar prejuicios sin ningún tipo de contraste. Se cree lo que se quiere creer y se da un cierre racional. Esa visceralidad ha convertido al mundo virtual en un lugar polarizado e inhóspito, donde el diálogo es una herramienta en peligro de extinción.

Uno de los problemas de las redes sociales es que sus usuarios no siempre saben distinguir una autoridad de un hablador, una opinión de un dato. En ocasiones gana la emoción y el protagonismo y se comparte información no verificada, lo que crea una ola expansiva de información falsa. Dejemos de jugar al teléfono descompuesto. Hay fuentes de información confiable que permiten tomar acción de forma más responsable. Cuando leamos una noticia, meditemos por qué está publicándose en donde la leemos, preguntémonos qué autoridad tiene quien lo escribe para compartir esa información y desde dónde está hablando: ¿desde un juicio político? ¿desde sus propios intereses? ¿desde una experiencia personal? ¿Desde la postura de un periódico? Aprendamos a diferenciar la información del ruido, eso solo se logra investigando y pensando”, advierte la promotora cultural.

México, segundo lugar

Según un estudio presentado por el Instituto Reuters, México es el segundo lugar en exposición de noticias falsas en el mundo, tan solo por detrás de Turquía. Los resultados señalan que el mexicano promedio se deja llevar mucho por los encabezados o clickbaits sin entrar a leer el contenido de la nota.

Me parece que para algunos la constante evidencia de fake news nos ha obligado a buscar más y mejor información y ser más cautos con lo que compartimos y con los juicios que emitimos.

Aunque, con el comercio tras bambalinas de la Web, siempre es difícil saber si estás acercándote a información que está más allá de lo programado para ti. Por otro, las tecnologías y nuestra forma de comprender el mundo siempre se retroalimentan.

La tecnología de la escritura implicó la posibilidad de pensar y atender problemas de una manera distinta a las que posibilitaba la oralidad. Lo mismo con las nuevas tecnologías. El cambio en las formas de procesamiento de la información y los modelos de comunicación por parte de los medios son un tema de tecnologías.

La fenomenología de la lectura es otra a raíz del consumo de noticias en medios digitales y redes sociales, y esto lo saben mejor que nadie los editores de medios de comunicación de masas.

Ellos saben qué pide Google para ganar la subasta y quedar en primer lugar en las búsquedas de los usuarios, eso implica modificar la forma en la que se comunica la información. El SEO, los Trending Topics y los hashtags, entre muchas otras cosas dictan lo que es considerado noticia de lo que no, también modifican el vocabulario con el que se piensan y se atienden las noticias.

Los medios de información usan desde siempre encabezados hiperbolizados, pero ahora también atienden a las palabras más buscadas, que pueden ser o no los vocablos más críticos para hablar de un acontecimiento. Los redactores modifican la extensión del texto que publican y reducen la información a favor de los clicks, a veces en detrimento de la información. Lo verdaderamente preocupante es que el Big Data permite ubicar a los lectores potenciales de cada medio y dirigirles la información que necesitan, no solo para informarse de una situación, sino para informarse solo de lo que les interesa y de la forma que les gusta. Esto implica nutrir un pensamiento absolutamente cerrado”, finalizó Villalobos Guízar.

EN ESTA NOTA
  • FAKE NEWS
  • POSVERDAD
  • MÉXICO
  • ESPECIALES

ACERCA DEL AUTOR

Comentarios

Más especiales

Suscríbete

Recibe lo mejor de Valor en tu casilla de e-mail

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones